El hecho de que pase a veces tanto tiempo entre una entrada y otra es sin duda una catástrofe.
Una ausencia más larga de lo habitual puede provocar rebeliones, tsunamis, dolores de cabeza, invasiones portuguesas y una fuerte diarrea, y es una de las cosas de la vida que no queremos ver a menudo, como el pus, las Ketchup o el coma etílico. Soy consciente de ello.
Por eso (y porque me estoy cagando fuerte fuerte right now y no tengo mucho tiempo para pensar) voy a hablaros hoy de los motivos que me llevan a dejar esto abandonadete de vez en cuando.
Los motivos son enormes, gigantescos, colosales, ciclópeos. Son algo así como la hostia de grandes. Son seres de dos cabezas que avanzan pesadamente con zancadas lentas y destruyen a su paso cualquier fuerza de voluntad que tiene la ocurrencia de brotar espontáneamente de alguien. Sus tres brazos (dos a los lados del tronco y un tercer brazo incapacitado en la espalda) alcanzan un tamaño proporcional a más de dos tercios de su cuerpo, y cuelgan como pesos muertos mientras el motivo camina sin rumbo ni objetivo claro. Las piernas son igualmente largas y dejan ver un tronco proporcionalmente pequeño, tanto que no puede albergar un corazón (¿Captas la jugada? ¿pillas el asunto? ¿eh? Eso de que no tienen corazón, ¿sabes? como que son seres desalmados y eso, ¿me sigues?).
Sus rostros están cubiertos... (qué poquitas ganas que tengo de inventarme más ná) ...por una serie de adhesivos de marcas de detergente.
Sí, eso.
Total, que eso, que la puta gracia está en que os hablo de los motivos pero no os digo cuáles son, y ya está, y a la mierda.
Venga, a seguir bien.
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