La luz del sol no cedía. Encontraba un camino a través de las rendijas de la cortina, forzando su entrada a la habitación como brillantes cuchillas que atravesaban el ambiente cortándolo todo a su paso. No podía aplazarse más lo inevitable.
Los ojos de Carmucha cedieron y tuvo que despertarse. Con una ducha helada se forzó a despejarse; con un café con leche, a activarse.
Una vez se sintió preparada, encendió el portátil. Pocos minutos después, la conferencia había dado comienzo. Ella fue la primera en exponer:
"Si una autora evoluciona hasta el punto de deconstruir su obra y lleva esto hasta un extremo tal que la misma se vuelve irreconocible, pero no ha tenido la constancia de publicarla hasta entonces y por lo tanto de dejar ver su gradual evolución, ¿realmente ha creado algo?
Si lo único que puedes mostrar de tu obra es la huella de lo que una vez hubo, el cadáver que dejas tras haberla matado como paso último de tu proceso creativo, ¿qué tienes exactamente para enseñarle al mundo?
¿Podemos considerar siquiera como una trayectoria artística una progresión que prácticamente solo ha tenido lugar en la cabeza de su autora? ¿Tiene algún tipo de valor una saga que nunca ha sido publicada?
Si me muero mañana, ¿qué carallo tengo entre manos para ser recordada?"
Se hizo el silencio durante unos segundos que parecieron eternos. Se intercambiaron miradas nerviosas a través de las webcams.
Finalmente, el profesor Toyota respondió:
-Pava, ¿de qué cojones estás hablando?
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