Soy un boniato. No puedo evitarlo, chicos. Lo siento.
Soy un boniato insensible, un boniato sin corazón. Un boniato traicionero. Un boniato, sí señor. Eso es lo que soy.
O eso creo.
En realidad es altamente improbable que sea un boniato, teniendo en cuenta que puedo escribir.
Aunque claro, cabe la posibilidad de que solo esté dictando las palabras y alguien con la capacidad de escribir lo esté escribiendo en mi nombre. Sí. Eso sí es probable.
Bueno, pensándolo bien, eso también es bastante improbable, si tenemos en cuenta que, como boniato que soy, no puedo hablar, y por lo tanto me sería imposible dictarle a nadie palabra alguna.
¿Cuál es entonces el sentido de decir que soy un boniato? Es evidente que no soy un boniato.
Pues claro que no soy un boniato.
Soy un ciervo.
Un ciervo alegre, juerguista, saltarín, feliz y sobretodo con cuernos de ciervo. Y con "sobre todo" quiero decir "sobre la cabeza". Porque los cuernos están en la cabeza. Los míos al menos.
Buenas tardes.
Pero vamos a ver, como vas a ser un ciervo? Quitaría la suscripción si supiera como se escribe la palabra que significa dejar de estar suscrito a algo.
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